miércoles, 11 de julio de 2007

EL CHICO


Hablaba con mi sobrina que tiene 15 años y me decía que para ella, el chico debe ser guapo y buena onda. En ese orden. Y me quedé pensando que a los 30 o más, las mujeres tenemos otra concepción de lo que debe ser "el chico".


Hablemos, por ejemplo, de cama. Debe ser bueno... ¿En qué sentido? En qué te haga gozar, retorcerte, gritar de placer... O bueno, porque entiende que un abrazo vendría bien después de o antes de... O bueno, porque te paga un buen hotel y te pide un vinito para que entres en calor. O aquél que te suba y te baja y te voltea y te destroza el cuerpo con tanta gana dentro. ¿Qué significa ser un bueno o un malo en el sexo? ¿Qué le pide una mujer de 30 a su hombre en la cama?


Ahora, también hay que ver con quien una mujer se acuesta a los 30. Las que son casadas y fieles de esas que son de la raza de las tradicionales, lo hacen sólo con sus hombres. ¿Cómo goza una mujer de 30 ya casada? ¿Se vive más intensa o más sexi en la cama con un hombre con el comparte el baño de la casa desde hace más de un año?


Y una casada de mente libre, que va encontrándose por la vida con quien le haga cosquillas y le quiera hacer olvidar de las estrías que le salieron con los dos embarazos. Ésta, que también tiene treintaytantos; goza con su cuerpo o mete su alma al jueguito de tener sexo que no sea con su marido?


Las que lágrimas y risas acompañan su existencia junto a alguien que tiene su esposa y sus hijos. Ellas, mis amigas de treinta, a dónde van? A comparar quién será mejor en la cama? O a aprender más para que la otra no les gane... A quién realmente se llevan? ¿Al casado o al hombre?


Y las solteras. Las que no detienen su marcha y las que piden y dan de más. Las que divisan a lo lejos el placer pero no se acercan porque lo quieren todo y entonces mejor lo piensan. Las que miran con ojos de lujuria y perdición mientras las toman de la mano o arden entre sus piernas cuando las miran con ternura. Las que abren su pecho y enseñan el corazón y no los senos. O las que mejor se dan antes de que se vayan a esconder con sus miedos y temores.


Ya mejor no hablamos de cómo nos gusta que se vista, cómo nos gusta que hable, cómo es que nos gusta que piense, que camine, que vaya, que regrese, que nos bese o que se entregue.


Aquí, yo que soy una de ellas, no sabría qué mujer (¿o cómo decían ustedes cuando tenían 15 años acerca de "la chica"?) ahora a sus treintas los pone sobre aviso. Sería bueno saberlo.

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