lunes, 25 de junio de 2007

ENAMORADA A MIS TREINTA AÑOS




Hoy suelto mis treinta como pa´que los vea yo por donde van. Y con ellos, la luz, aquella que emerge desde mi pie izquierdo y sube hasta mi canita plateada de mi pelo encrispado...




No soy casada.

Mis tías, las de aquí, me dicen que ya me apure porque sino, ya no voy a conseguir novio pa´casarme.

Las de allá, dicen: "ta´bien, mija. Diviértete, vístete, comprate, viajate".

No hay para dónde hacerme.

Y yo, muy oronda mientras tanto, me paseo entre nubes con un muchachito que siempre se muerde su labio cuando me mira. Y, auch! me calienta con sólo verlo. Pero no el cuerpo, que, dicho sea de paso, ese ya está que hierve. No, lo que me calienta es el espíritu.

Porque a mis treinta, yo ya sé que puedo subir y puedo bajar. Y también entrar y salir, pero no quedarme. Quiénsabe por qué pero no me detengo hasta que a mi paso sale una palabrita hecha miel o bien, compañías con ideas que me exciten desde dentro...Y eso no es tan difícil de hacer.

Yo no me hago tonta porque bien que me gusta que muerdan su labio cuando me ven, como ese chiquillo que tiene una chamarrita desde donde se ve que se muere de frío...¡Si tan sólo se acercará un poquito a mí! Pero no, el maldito escuincle se muerde su labio y se me escabulle como temiéndome. ¡Pendejo! Eso que se los deje a los de treinta que parece que si uno les opina, cuestiona o comenta; ya es hora de agarrar los chones y vámonos!!!!!!

Por eso compro mi jugo todas las mañanas en el mismo puesto de siempre, para verle mover sus brazos cargando los sacos de zanahorias de quinta y naranjas de segunda; aunque para mi que guardan esperanzas porque están repesados! No estaba en eso, siempre me pierdo en estupideces.

Unos creen que a los treinta ya no te puedes enamorar porque te casas con esa persona. ¿Quién habrá sido quien dijo esto? Al menos, en el último año me he enamorado del que pone su auto junto al mío en un alto, del que me toca el hombro para decirme que avance en la fila del banco; del que me encuentro cuando voy al cine sola... Y un sinfín de hombres que ya tienen cara y labios de más de treinta. Entonces, ¿quién dice que si me enamoro a los treinta, me caso?

Para eso, para eso se necesita llevar pala y pico porque sino, no entran en mi cabeza; mucho menos en el centro de mi estómago donde guardo la emoción, la excitación y la ternura. Y ahí pueden llegar el amigo de mi sobrina que dice que no se me ven mis años sino mis experiencias, aquel amigo al que le gustan mis amigos y aún así dice que si fuera buga, ya nos habríamos casado; el que tiene miedo de vivir junto conmigo y el que analiza demasiado la posibilidad y por eso se la vive en la costumbre y la monotonía.

Yo, mientras ya me compré mi jugo de apio y rábano. Bueno para el verano y bueno para calmar la mente inquieta.

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